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Motivos decorativos nº40 Colección Leonardo

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Motivos decorativos de la colección Leonardo
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Gottfried Semper, famosos arquitecto alemán y teórico el arte en la segunda mitad del siglo XIX, escribe que “adornar es… un fenómeno muy importante en la historia de la cultura. Es uno de los privilegios del ser humano, acaso el más antiguo. Ningún animal se embellece así mismo… Es el primer y más significativo paso hacia el arte”. De dónde nace esta antigua necesidad del hombre de decorarse a sí mismo y los objetos que le rodean, no se sabe. Sin duda no de una necesidad de orden práctico. Las teorías que intentan dar una explicación de cómo surgieron los primeros motivos ornamentales son varias. Algunos estudiosos piensan que se trata de la primera manifestación de una sensibilidad artística, otros encuentran en los signos ornamentales más antiguos un valor mágico-religioso, una valencia simbólica o un vestigio de fetichismo, y hay quienes se remiten a la imitación de las técnicas menores, concretamente a la tejeduría, que habría indicado el uso de la línea recta entrelazada en el urdido de la tela. Se habla también de aspecto lúdico de la decoración, pues configurar un objeto sin imitarlos, interpretar sus formas, ejerce en realidad una atracción innegable y un encanto considerable. En defensa de esta tesis, Ernst H. Gombrich, en su importante ensayo titulado Yhe Sense of Order. A Study in the Psychology of Decorative Art, recuerda las innumerables creaciones del arte egipcio: paletas para maquillaje con semblanzas de animales, columnas como plantas del loto o de papiro, un sofá en la tumba de Tutankhamon con forma de vaca sagrada. Semper ha formulado una teoría original según la cual el ornamento reasentaba una búsqueda de correspondencia con las leyes naturales, un reflejo del orden general del mundo. Por lo demás, los antiguos Griegos, dotados de un insuperable sentido del ritmo y de la simetría, usaban el término kosmos con el dúplice significado de ornamento y orden cósmico.

Es interesante notar que ya los cavernícolas adornaban su propia persona alineando según un principio de orden los dientes de los animales cazados; que la coloración del cuerpo y el tatuaje, dos practicas que no desaparecen con los vestidos y con la necesidad de protegerse contra los rigores climáticos, tiene orígenes muy remotos, y que toda la historia de la moda testimonia que las formas que encuadran transforman el significado del objeto encuadrado. Para estudiar la evolución del ornamento es de primaria importancia observar la relación del hombre con sus viviendas. Ya en la edad de piedra el hombre pinto escenas de caza e imágenes religiosas en las paredes de las cavernas, aunque la irregularidad de la roca y la mala iluminación impidieron que surgiera una pintura decorativa. Más tarde, las tiendas y caballas las pinto una sola persona que desempeñaba todas las tareas: la de constructor, la de arquitecto y la de pintora; es entonces cuando aparecen el ornamento, los marcos y la división de los planos. A partir de se momento y a lo largo de los siglos no hubo elemento arquitectónico que no se completara con el auxilio de la pintura decorativa. Si pensamos en la pintura mural de Pompeya, excepcionalmente conservada hasta nuestros días, tenemos un ejemplo paradigmático de “arquitectura simulada”: división de las paredes en secciones diferentes; decoraciones que evocan columnas, pilastras y arcos; revestimientos de mármol y de materiales preciosos; elementos arquitectónicos que encuadran escorzos de paisajes o escenas en perspectiva. En el Renacimiento, que al igual que el Helenismo supo distinguiera entre pintura mural sacra y profana, se llegó al apogeo de este género artístico (basta recordar las proezas decorativas de Pinturcchio). Pero, aun con manifestaciones e muy alto nivel, la decoración sigue siendo un arte anónimo, subordinado con respecto a la arquitectura y la pintura.

Las distinciones y jerarquías entre artes mayores y menores, entre artes bellas y aplicadas, no empiezan a desaparecer hasta la segunda mitad del siglo XIX. Owen Jones puso de manifiesto una nueva propensión por el ornamento con parte esencial del diseño en su Grammar of Ornament, publicada en Londres en 1856, que con treinta y siete proposiciones fundamentales y mil espléndidas laminas explicativas contribuyo a proveer el idea de integración de todas las artes y a reivindicar la dignidad artística de la decoración de tejidos y de papel de entapizar. Los resultados de esta renovación fueron evidentes en la Exposición Universal de Londres de 1851, donde el ornamento destaco como protagonista absoluto. La sobreabundancia de motivos decorativos y la mezcla de estilos típica de la época victoria, que en Inglaterra ya había sido criticadas por William Morris, fueron abandonadas completamente a principios del siglo XX, y polemizando con el eclecticismo del silo XIX se afirmaron los movimientos artísticos del Art Nouveau y el Art Déco, que alcanzaron su máxima expresión en la famosa Expositio des Arts décoratifs celebrada en París en 1925. Maurice Pillard Vernuil, en cuyo trabajo se han inspirado algunas de las láminas presentadas en este volumen, fue uno de los primeros franceses en asimilar la lección inglesa e interpretar el nuevo espíritu, abandonando la tradición académica que privilegiaba la representación de temas de carácter literario, histórico o religioso y desdeñaba los modos expresivos dedicados la producción de un objeto para el uso o a la realización de tejidos y de papel de entapizar. En el París de los años Veinte hubo un florecimiento excepcional de talentos que se dedicaron al cambo del design, pero más que la personalidad individual, lo importante es la consolidación de un enfoque nuevo con respecto al arte decorativa.

Si miramos a nuestro alrededor nos damos cuenta de que la decoración penetra en todos los aspectos de nuestra cotidianidad, tanto cubriendo superficies como modelando formas: la tenemos en el pattern de fondo de un billete de banco, en la alfombra de casa, en las baldosas del atrio, en los entapizados de una habitación y en los adornos de una verja; la encontramos también en las decoraciones de una joya, de una caja, de un plato, en la marquetería de un mueble, en el mango de un cuchillo, en el tapizado de las sillas del coche. Con nuestro volumen nos proponemos cultivar el gusto por el ornamento, convencidos de que el presupuesto para acercarse a este campo es la predispoción a observar la naturaleza juntamente con la capacidad de síntesis. Reduciendo los objetos de la naturaleza a formas sencillas y creando una cuadricula en la que poder encajar los varios módulos en una composición unitaria, se está en condiciones de crear en primera persona modelos decorativos adecuados a cualquier necesidad. Los motivos ornamentales de este volumen están inspirados en modelos de principios del siglo XX y se han realizado sobre un soporte de papel; por consiguiente, las técnicas de realización y sus relativas explicaciones se han adaptado también al soporte utilizado. Aplicar estas decoraciones sobre otros soportes, adoptando en cada caso las técnicas apropiadas, depende de las preferencias de cada uno. Con el progreso de la tecnología y la tendencia a la homologación, la capacidad de personalizar un producto y de caracterizarlo con fantasía y habilidad se ha convertido en un valor de grandeza primaria.

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